Francia reabrirá las fronteras con el Reino Unido pero exigirá pruebas anticovid

Francia reabrirá las fronteras con el Reino Unido pero exigirá pruebas anticovid

Los Gobiernos británico y francés han negociado este martes contrarreloj una solución que permite la reapertura de las fronteras con el Reino Unido, a partir de esta medianoche, pero exigirán a los camioneros atrapados un test negativo del coronavirus (una PCR o una prueba de antígenos sensibles a la nueva cepa detectada en territorio británico), una medida que amenaza con provocar problemas de congestión durante días. La medida permitirá utilizar la mayor frontera europea del Reino Unido a ciudadanos franceses o residentes en Francia, personas en tránsito, a transportistas y a todo personal relacionado con el tráfico de mercancías.


Miles de camiones circulan a diario por el Eurotúnel, la vía que une los puertos de Dover y Calais. La decisión de París, el pasado domingo, de cerrar el acceso para evitar la propagación de la nueva cepa del coronavirus detectada en el Reino Unido provocó un caos que se leyó a ambos lados del canal de la Mancha como un anticipo de lo que llegará cuando finalice el periodo de transición del Brexit, el próximo día 31.

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Las autoridades que gestionan el Eurotúnel esperaban este martes un total de 2.500 vehículos al final del día. El Gobierno británico anunciaba la posibilidad de utilizar al Ejército para comenzar a aplicar a los camioneros test rápidos de antígenos (test de flujo lateral, con una muestra de saliva), que ofrecen resultados en menos de 30 minutos. Junto con los problemas que un desafío así supone, se unía el enfrentamiento entre los Gobiernos de Londres y París respecto al test adecuado, según informaba el diario The Times. El Ejecutivo francés recela de la precisión de la prueba de saliva, y exige que se lleven a cabo PCR, cuyo resultado no se conoce hasta al menos 24 horas después de la prueba.

Los kilómetros y kilómetros de camiones parados en la A-20, la autopista que comunica la localidad de Folkestone con el puerto de Dover, hundían el ánimo de todos los transportistas atrapados en el Reino Unido que confiaban en poder estar en Navidad con sus familias. Se pasaban los vídeos con las colas que grababan con el móvil entre ellos, como aviso, denuncia y desesperación.

El Gobierno del británico de Boris Johnson ni siquiera se ponía de acuerdo en la cifra exacta de vehículos retenidos a la entrada del Eurotúnel, cerrado por orden de Francia el pasado domingo. El ministro de Transportes, Grant Shapps, se refirió el lunes a un número que sonaba irreal. Aseguraba que eran unos 170 los camiones retenidos, a la espera de una solución. Poco después le corregía Highways England, el organismo público que gestiona la red viaria de Inglaterra, al señalar que había cerca de 900 vehículos paralizados. Finalmente, la ministra del Interior, Priti Patel, ponía algo de orden en el caos de datos y explicaba a la BBC que había unos 650 a lo largo de la autopista que conecta Folkestone con Dover, y unos 870 más en el aeropuerto de Manston, en Kent, convertido provisionalmente en aparcamiento y con capacidad para albergar hasta 4.000 vehículos. “A eso habrá que añadir el caso de muchos transportistas que descargaron este martes su mercancía por diversos puntos del país y que se disponían a regresar a Dover. Por eso nuestro mensaje prioritario es que no se dirijan a Dover”, advertía Patel.

Advertencia recibida. Fernando Venecia, de 47 años, un argentino afincado en España desde hace 21 años, hablaba desesperado con EL PAÍS desde una estación de servicio cercana a Warrington, en el noroeste de Inglaterra. En cuanto supo del caos en Dover ni se planteó regresar al puerto. “Entramos por el túnel a las tres de la mañana del domingo [van dos conductores, para poder cumplir los límites legales al volante]. Nos llevó cerca de siete horas hasta que pudimos cruzarlo. A la salida del puerto pudimos comprobar la inmensa fila de camiones que permanecía parada en la carretera que comunica Folkestone con Dover. Hicimos dos descargas cerca de Londres y la tercera en Manchester. Allí fue cuando nos enteramos de que estábamos atrapados”, relata.

Cualquier vía de escape, ya fuera a través de Rotterdam, desde el puerto de Hull, o de Santander o Bilbao a través de Portsmouth, era imposible. No había ni una plaza disponible. Fernando condensa en sus palabras la rabia y la sospecha de muchos transportistas que, sin aportar datos, ya tienen claro sin embargo que se han visto atrapados en una guerra política. “El primer ministro que tienen acá está preocupado porque en la isla no falte ni carne de cordero o ternera, ni pescado, ni queso cheddar, que es lo único que producen. Ahora se han salido de la UE y Francia ha decidido devolverle el favor”, resume. “Ahí entramos en juego los pobres trabajadores que somos nosotros”, se lamenta.

Letrinas portátiles
Venecia cuenta cómo a los compañeros que han desviado hacia el aeropuerto de Manston les han instalado letrinas portátiles cada 100 vehículos. Lo confirmaba Rod McKenzie, el director gerente de la Road Haulage Association, la entidad británica que agrupa y defiende los intereses de los transportistas. “No les estamos tratando bien como país, no nos estamos comportando bien con todos estos camioneros que están pasando en estos momentos por una situación muy difícil”, denunciaba.

Jesús Martínez, de 41 años, originario de Murcia, trabaja para la empresa Frigo-Transmur. Es uno de los casi dos mil conductores atrapados en la pista del aeropuerto. Cuenta que el trato de las autoridades no es malo. Les han dado agua, información —escasa— y les atienden bien.

Mientras explica su situación, se oyen de fondo los cláxones de sus compañeros, a modo de protesta. “Aquí hay de todo. Españoles, búlgaros, polacos, rumanos, italianos… Al principio estaban todos bastante tranquilos, pero a medida que han ido pasando las horas y la incertidumbre ha ido en aumento, el enfado ha aumentado”, cuenta. Confirma que las letrinas portátiles son escasas, y depende de dónde hayas podido aparcar, muy alejadas. Martínez descargó su cargamento de contenedores de plástico cerca de Londres, pero, a diferencia de Venecia, no tuvo tiempo de reaccionar y cayó en la trampa de Dover al emprender el camino de regreso.

 

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